Rumbo a Ítaca
Por DIEGO MARÍN CONTRERAS
Cuentan que Ulises, hijo de Laertes, tardó veinte años en regresar a Ítaca, su esplendorosa isla bañada por las aguas del Mar Egeo, donde lo esperaban su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Una década demoró Odiseo —tal es el nombre de Ulises en la lengua de los griegos— combatiendo en la guerra de Troya, a la que jamás quiso ir, y otro tanto en el viaje de retorno a su hogar. Es sabido, porque así lo cuenta un poeta ciego a quien llamamos Homero, que cuando regresa por fin, después de tan larga odisea, Ulises encuentra a su esposa asediada por interesados pretendientes. Sin embargo, disfrazado y con la ayuda de Telémaco, da muerte a todos y cada uno de ellos, y luego revela su verdadera identidad a Penélope, quien sabe que es él, y lo reconoce como su amor, porque se ve reflejada en el amor con que la miran los ojos de Ulises, que ha esperado veinte años para vivir ese momento.Ésta, que es una de las más bellas historias que se hayan contado, inspiró al poeta griego Constantino Cavafy para escribir, tres mil años más tarde, uno de los más sabios poemas que se hayan escrito jamás, titulado justamente ‘Ítaca’. Porque es Ulises el verdadero héroe de la epopeya homérica, y no Paris, ni mucho menos Aquiles. Paris, a fin de cuentas, se ha robado a la mujer de otro, la bellísima e indiferente Helena, y más tarde ni siquiera tiene el valor para defenderla, sino que es su hermano, el noble Héctor, quien acaba muerto en la defensa, no de las pasiones de Paris, sino de la inquebrantable Troya de sus sueños. Aquiles, por su parte, no es más que un psicópata, cuyo sadismo llega a tal extremo que después de dar muerte a Héctor, amarra el cuerpo del héroe troyano a su carro de guerra y lo arrastra una y otra vez frente a las puertas de Troya para martirizar al rey Príamo y a su esposa Hécuba, los padres de Héctor, que contemplan desde las murallas el atroz espectáculo. Ulises, en cambio, suele dar muestras de una sorprendente lucidez. Desde el comienzo se niega a participar en una guerra que le parece absurda, como todas las guerras, y para evitar el compromiso se finge loco. Es él quien concibe la celebérrima estratagema del caballo de madera, que pone fin al sitio de Troya. Y es él quien se amarra al timón de su barco, ya rumbo a Ítaca, para evitar sucumbir al canto de las sirenas. También es él quien, luego de sacar un ojo al Cíclope Polifemo, responde con innegable astucia cuando el gigante le pregunta cómo se llama. “Nadie”, dice. De tal forma que cuando llegan los otros cíclopes e indagan por el responsable del crimen, el muy tonto de Polifemo sólo puede responder: “Nadie”. Sí, Ulises es muy inteligente, tanto que es el único de los héroes griegos que regresa vivo a su hogar. Por eso, tres mil años más tarde, podemos todavía identificarnos con él.Porque todos somos Ulises, todos vamos hacia Ítaca. Y como nos sugiere el poeta de Alejandría, al emprender el viaje debemos rogar que sea largo el camino, que esté lleno de aventuras, de ricas experiencias. Y no encontraremos más obstáculos rumbo a Ítaca que aquellos que ya están en nuestro pensamiento. Y no encontraremos ni a los cíclopes, ni al feroz Poseidón, si no los llevamos en nuestros corazones. Y roguemos, cada día roguemos por atracar en puertos nunca antes vistos, y porque sean muchas, y muy alegres, las mañanas de nuestras primaveras. Y ojalá conozcamos emociones exquisitas y todo tipo de voluptuosos perfumes, y ojalá tengamos cada día la oportunidad de aprender y aprender de los sabios. Pero no olvidemos nunca que Ítaca es nuestro destino, y, sobre todo, no apresuremos el viaje, porque “es mejor que dure muchos años y que, ya viejo, llegues a la isla, rico con todo lo que has aprendido en el camino, sin esperar que Ítaca te dé riquezas”. Porque tu isla, tu sueño, tu paraíso te ha dado algo más grande aún, aunque no lo sepas, aunque no quieras verlo: “Ítaca te ha dado el hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino”. Bendito seas, Constantino Cavafy, por regalarme esa milenaria sabiduría; bendito seas, UIises, hijo de Laertes, por enseñarme que los verdaderos guerreros son los que luchan por la vida, los que son fieles a sus sueños, fieles a sí mismos.Y benditos seamos tú y yo, lector, compañero de viaje, porque vamos rumbo a la isla de nuestros sueños y algún día comprenderemos lo que Ítaca significa.diegomarin2006@hotmail.com
jueves, 3 de mayo de 2007
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